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Intervención de Vicent Garces en la celebración del 20 aniversario de Izquierda Socialista

Compañeras, compañeros. Me corresponde intervenir en esta mesa redonda y ofrecer una visión del tema que estamos planteando, que de entrada afirmo es una visión parcial, como todas y cada una de las que se expresan. Y empiezo agradeciendo a los compañeros y compañeras de toda España de la corriente y amigos de la corriente que están aquí. Sin ellos una parte del partido no hubiera sido, no hubiera existido estos años.

 

 

Lo han dicho otros compañeros, que esta sala tiene resonancias muy agradables para muchos de nosotros, pero también muy duras. La cultura de la mayoría y la cultura de la minoría, creo no equivocarme si digo que son en realidad componentes de una misma organización. En el año 1983 la dirección del Partido Socialista Obrero Español tuvo a bien conceder que los estatutos del partido reconociesen la existencia del pluralismo interno en nuestro partido, en nuestra organización. Reconocerlo mediante la articulación de las corrientes de opinión, como expresión interna de ese pluralismo Y he dicho bien, la dirección del partido tuvo a bien conceder, porque es esa óptica la que muchos hemos vivido durante muchos años. La óptica de que había determinados compañeros y compañeras que se creían propietarios, que patrimonializaban la organización. Escuchando a Matilde Fernández esta tarde, con todo el cariño y atención creo que hemos vivido partidos paralelos. La corriente de Izquierda Socialista ni nació con vocación de minoría, ni pretende ser minoría. Nosotros no hemos cultivado una cultura de minoría, ni mucho menos hemos pretendido ser justificación de tropelías hechas desde la mayoría. Nos ha tocado vivir una etapa histórica del partido, como viviremos esta que hemos empezado ahora viviremos las siguientes las que vengan después. Y en esa etapa larga que hemos vivido no habría que perder de vista que cuando hablamos del partido socialista año 1978 no es lo mismo que cuando hablamos del partido socialista años 1930, o finales del siglo XIX, y mucho menos del partido socialista de hoy. El partido socialista ha tenido una evolución histórica producto de la sociedad en que está inserto el partido socialista. Y en la medida en que la sociedad ha ido cambiando, transformándose, evolucionando, el propio partido socialista también lo ha hecho. Adaptándose en muchas ocasiones a cambios en la sociedad que va por delante del propio ritmo de cambio del partido.

 

 

Lo paradójico fue que en un momento en que empezábamos a construir el régimen político democrático después de la dictadura, cuando ya se sabía que los sistemas organizativos, que en alguna ocasión otras izquierdas ?como el partido socialista en algún momento de su historia defendió? eran fórmulas organizativas periclitadas, como eran las fórmulas que giraban, con otras palabras, alrededor de la idea del centralismo democrático. En esta organización nuestra, cuando estábamos construyendo un régimen democrático en la sociedad, estábamos intentando colaborar en esa construcción, nuestra organización no era democrática. El último congreso en el año 2000, sin decirlo nuestro partido ha hecho una autocrítica del modelo de organización que ha estado practicando este partido entre el año 1979 y el año 2000. Porque en el congreso del partido del conjunto de los socialistas hemos cambiado el modelo organizativo. Porque creemos que esta modelo es mejor. Por lo tanto, la cultura de la mayoría ?Matilde decía se vivía mejor en la mayoría, naturalmente que se vivía mejor? que se puede ver reflejada en tres eslóganes que tenemos casi grabados en las neuronas los socialistas, a partir de los años 1978 y 1979. «Quien se mueve no sale en la foto»; «Gato blanco o gato negro, no importa si caza ratones»; o «A mi izquierda el abismo». Eso que está grabado en las neuronas de todos los españoles, desde el año 1978 al año 2000, como fórmula para hacer posibles los éxitos electorales, como fórmula para hacer posible la unidad del partido; como fórmula para asegurar que los dirigentes máximos continúen, hemos de decir que nosotros tratábamos, con la limitación propia de nuestras posibilidades y en un contexto hostil, de ofrecer democráticamente alternativas a eso que se llamaba cultura de la mayoría en materia organizativa, en materia de ética de comportamiento, en materia de política de alianza, en materia de apertura hacia otros sectores sociales. Tratábamos de hacer ver, lo que hoy ya es una obviedad, que vivimos en una sociedad compleja, moderna, en una sociedad llena de contradicciones nuevas ?las clásicas en la tradición de la izquierda y las nuevas? en el desarrollo de la sociedad. Hoy hemos hablado de globalización y tenemos que hablar muchas horas de ese concepto. Yo estuve en Porto Alegre en enero pasado (2001), y no me encontré a ningún socialista español allí, ni uno. Y había gente de todas las izquierdas de todo el mundo. Yo era el único socialista español que estaba allí, y no estaba como socialista del partido, estaba por otras vías. En esa evolución histórica de la sociedad, que necesariamente debería implicar una transformación de nuestro partido para mejor reconocer el pluralismo realmente existente en nuestra base social y electoral; recoger ese pluralismo, traducirlo en términos organizativos y políticos, pasarlos a mensaje electoral, llevarlos a las instituciones, y ser coherentes desde las instituciones con los programas, ese tránsito lo hemos hecho, yo creo desde mi parcialidad, mal.

 

 

La crisis en la que está nuestro partido, que no creo que hayamos salido de la crisis, tiene raíces mucho más profundas que la estricta derrota electoral del año 1996. Porque el problema no es sólo perder las elecciones ?las elecciones en un sistema democrático no siempre se pueden ganar, a veces se pierden?, eso deber ser un input ya conocido por la organización, el problema es qué pasa a partir de que se pierde, y qué lectura se hace de cuáles son las causas de la pérdida. Ni la lectura de las causas de la pérdida electoral, ni cómo reaccionar desde la oposición, creo que no hemos sabido hacerlo. Y no hemos sabido hacerlo, que es donde reside la profundidad de nuestra crisis, en la medida en que hay un período largo en el cual nos movíamos en otra órbita en el conjunto de la organización. Y donde nosotros como minoría del partido, no voluntaria, sufríamos dialécticamente todas esas complejidades de relación en el seno del partido y hacia nuestra base social electoral. Cuanta soledad hemos tenido estos años. Oyendo voces esta mañana, esta tarde y las que oiré mañana, tengo que agradecer, creo en nombre de todos los compañeros y todas las compañeras, que haya habido siempre individualidades, personas que desde su rigor teórico, desde su capacidad intelectual y su voluntad política y personal hayan estado cerca de las posiciones de la corriente. Pero al mismo tiempo no puedo dejar de señalar que esa situación era excepcional, y que por más que nosotros siempre hemos dicho que la corriente no es un fin en sí mismo, como el partido tampoco es un fin en sí mismo, la corriente menos. Que estábamos dispuestos a hacer desaparecer la corriente en cuanto existieran las condiciones mínimas para que la desaparición de la corriente no significara que las posiciones orgánicas, políticas e ideológicas que defendíamos pasaran al silencio, a la no existencia, que ese era el requisito para no ser mayoría. A pesar de ese ofrecimiento que siempre hemos hecho desde el año 1988 en el seno de nuestra organización, no hemos encontrado acogida. No ha habido en eso que Matilde llamaba familias, grupos, sectores del partido que hayan recogido esa idea de vamos a hacer posible lo que es una obviedad hoy, que el socialismo español, que el socialismo internacional, que el socialismo europeo está cruzado por un profundo debate de ideas no resuelto. Es cierto que nadie tiene la verdad, es cierto que hay que rechazar el dogmatismo, pero es evidente que también hay que tener algunas ideas claras. Creo que alguna idea hay que tener. No vamos a estar en el eclecticismo, en el posibilismo, en el márketing estricto, en qué dirá la encuesta X o qué dirá fulano de tal con poder económico o mediático, o ni siquiera eso. En ese debate que recorre el socialismo español, el socialismo europeo el internacional estamos emplazados a tener que dar algunas respuestas.

 

 

A mí me ha tocado en los congresos, en muchas ocasiones, defender las cuestiones organizativas internas. En momentos en que se decía «no hablemos del partido, hablar del partido es perder el tiempo. Hablemos de la sociedad». Y me tocaba salir a defender el voto individual, derrota tras derrota, congreso tras congreso. Tenía que salir a defender los principios básicos de la no acumulación de muchas responsabilidades en la misma persona ?orgánicas, institucionales, de distintos niveles?, la no acumulación del poder, la desconcentración del poder como un ejercicio de equilibrio sano de la democracia para evitar perversiones en el propio ejercicio del poder. En el desierto era el discurso. Hablar de incompatibilidades, de limitación de mandatos era como mentar al diablo, esas cosas eran casi tabú. Porque con la excusa de eso era meternos en problemas internos y eso no preocupaba a la sociedad, en realidad, lo que se estaba haciendo era evitar que hubiera instrumentos democráticos en el seno del partido para que las minorías pudieran transformarse en mayorias y las mayorías en minorías, y hablo en plural. Y eso es lo que, desde mi punto de vista y lo digo con crudeza, hemos vivido.

 

 

No hay que explayarse mucho para afirmar que el partido socialista es un partido plural, se ha dicho por activa y por pasiva, hay libros escritos, hay experiencias prácticas... O el partido socialista es un partido plural o le falta uno de los elementos definitorios, constitutivos de su naturaleza. O es un partido democrático en el mundo de hoy, o le falta otro de sus factores de definición de futuro. Los dirigentes del partido socialista no pueden convertirse en caudillos, para eso ya está la derecha con ese modelo de dirección política. Los militantes del partido socialista no pueden convertirse en simplemente asistentes de decisiones que se toman en pequeños conciliábulos, muchas veces a puerta cerrada. El electorado del partido socialista se merece saber quién y cómo se toman las decisiones en el interior del Partido Socialista Obrero Español. Si hemos de hacer didáctica democrática hacia la sociedad ?esa sociedad que salía de la dictadura y que todavía está imbuida, política y sociológicamente, de esos factores?, cómo vamos a hacerla si no la practicamos con grandeza de miras en el seno del partido. Estas son las cuestiones que yo quería transmitiros en las reflexiones en este punto. Uno de los puntos más asombrosos de todos estos años era ver cómo algunos sindicalistas defendían planteamientos democráticos en el seno de la UGT, posiciones que nosotros compartíamos plenamente, y ellos en el seno del partido estaban apoyando a los sectores del partido que estaban al cien por cien en contra de esas mismas posiciones en el sindicato. Yo nunca lo entendí.

 

 

Creo que el mundo de hoy, la sociedad de hoy exige, es imperioso que nuestro partido cambie de rumbo. No sólo que haga gestos tan nobles y de agradecer como el que esta mañana ha hecho nuestro secretario general viniendo aquí, compartiendo un rato con nosotros, bajando a lo que es una minoría que está viva porque no se la ha podido aniquilar, sino ?no sólo ese tipo de ejemplos que son valiosísimos, y ojalá cunda el ejemplo territorialmente. Entre otras cosas este partido es también plural no sólo por la complejidad de su base social y electoral, sino por la complejidad territorial de España? que es imprescindible que los acuerdos tomados en la última Conferencia política, a pesar de ser desde la óptica nuestra ciertamente restrictivos, limitados, tímidos, se lleven a la práctica. Que tomen cuerpo real en la vida de la organización. Que no nos encontremos con nuevas fórmulas de perversión democrática ?hemos vivido otra, que era una de las situaciones que se me hacía difícil comprender, era la cuestión del censo. Hoy parecer se que vamos a saber finalmente que ha pasado aquí. Eso eran perversiones democráticas?. Es imprescindible que se haga cuerpo, se haga realidad no sólo escrita, no sólo en las declaraciones sino en la práctica, en la convivencia democrática del partido esos tímidos avances en la democracia interna que se han conseguido. Y vamos a tener pruebas en los últimos meses. Pruebas materiales. En el comité federal cuando tenga que aprobar el reglamento de todos esos nuevos mecanismos, en las primarias cuando vengan. Vamos a tener en los próximos meses tests reales, comprobaciones en la práctica política, sobre la voluntad que orienta a la nueva dirección política del partido. Nosotros vamos a estar empujando nuevamente ese pesado carro de recuperación, de fortalecimiento de los mecanismos de la democracia interna. Pero no por un concepto de democratitis ?como alguien decía de concepto asambleario; se confundía la participación con el asamblearismo; se confundía el voto con la falta de eficacia a la hora de tomar decisiones?, no por ser una parte connatural del socialismo democrático, sino también porque sin esos mecanismos operando realmente, tranquilizando a la conciencia de los militantes cuando votan, tranquilizando a nuestras áreas electorales y sociales de apoyo. Si no hacemos eso, no recuperaremos la confianza, ni la credibilidad, ni podremos, a un plazo visible, recuperar las instituciones desde otra óptica que no sea que unos van con chaqueta roja y otros van con chaqueta azul. Creo que estamos todos de acuerdo de que no es ese el modelo de alternativa que nuestro partido debe ofrecer. No se trata de que a uno le guste Mozart y al otro Manu Chao, no es esa la cuestión.

 

 

Es importante, pero no es sólo eso. Entonces profundizar la línea de democratización interna del partido; profundizar en la medida de lo posible, en este mundo complejo en que vivimos, los perfiles de políticas alternativas desde la izquierda; avanzar en ese aunar esfuerzos dentro y fuera del partido.