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Intervención de Joan Garcés en el 20 aniversario de laCorriente Izquierda Socialista

 

 

Estimadas amigas, estimados amigos. Estoy muy contento de encontrarme con vosotros en el día de hoy: vigésimo aniversario. En propiedad se ha discutido si son veinte años o son más. Yo creo que son más, muchos más de veinte años. Tomamos una referencia, una fecha. Porque hay que hablar de una fecha, pero las ilusiones y el combate, y las ilusiones y las esperanzas de quienes aquí se encuentran, y quienes no se encuentran por una razón u otra, pues, no han podido acompañarnos hasta aquí. Digamos que no nace hace veinte años, ni siquiera aquella noche en un congreso federal del partido, en mayo del año setenta y nueve, en que estábamos asistiendo a una situación paradójica, y es que había una mayoría en el congreso, expresada democráticamente, y no había una capacidad para dar una dirección a esa mayoría en el congreso. A muchos nos pareció que aquella era una situación insostenible, bajo el punto de vista de la concepción de un partido. Un partido es el nexo entre una organización, una idea, un proyecto y la sociedad, y era muy grave la situación que se había producido aquella noche. Y allí, en aquella situación coyuntural, tan trágica en nuestra opinión ¾en la opinión de algunos¾, es que surgió la idea de ofrecer una alternativa a los socialistas españoles, que cuajó en el congreso de mayo de aquel año setenta y nueve en la presentación de una candidatura alternativa, que reflejara los ideales, las esperanzas, el proyecto que no había podido encontrar una ejecutiva la noche de mayo del año setenta y nueve. Lo que vino después es, evidentemente, la historia de Izquierda Socialista con sus más y sus menos, con sus momentos de ilusión y sus momentos durísimos que se han vivido. Pero yo sería mucho más cauto y prudente en cuanto a hablar de derrotas y fracasos que nuestro querido amigo García Santesmases. Creo que hay que ser relativos al respecto, porque nuestros proyectos y nuestras ilusiones, nuestro compromiso, finalmente, con nuestro pueblo o con los pueblos con los cuales, en una visión internacionalista, siemp re hablamos o con la humanidad en general.

 

Digo que viene de mucho más de veinte, treinta, cincuenta años decía el compañero Casares que él estaba sosteniendo estos principios, y nosotros no somos sino, finalmente, el eslabón de una cadena de generaciones que a lo largo de la historia ¾y particularmente de la moderna¾ está luchando y buscando por los principios de igualdad, de libertad, de fraternidad para hablarlo en el referente de la revolución francesa. Y ¿qué es un fracaso?, y ¿qué es una victoria? Es algo coyuntural y efímero. Ni las victorias son permanentes, ni los fracasos son constantes en la medida en que los valores que estamos defendiendo son valores que son imperecederos, que son un horizonte al que siempre se camina, que se busca, que se mueve, que se desplaza y que nunca se alcanza. Pero eso es lo que nos mueve, la búsqueda de mayor libertad, de mayor igualdad y de mayor fraternidad que nosotros llamamos socialismo. De modo tal que yo no pienso que el que en aquella noche no haya podido encontrar esa solución, que después hayan ocurrido circunstancias ¾en un momento en que en España se estaba construyendo un nuevo régimen político que salía del desierto de la dictadura¾, nos deba llevar a hablar en términos de fracasos, sino simplemente de experiencias. Puesto que en propiedad ¿quién fracaso aquella noche de mayo del setenta y nueve y el congreso extraordinario del setenta y nueve?. Lo que nosotros estabamos pidiendo era la organización de un partido donde el pluralismo interno y la democracia interna permitiera expresarse lo que es la diversidad de enfoques propia de toda organización democrática, en un país que estaba caminando hacia la democracia.

 

Hágase el balance veinte años después de lo que fue la imposibilidad de establecer ese modelo de partido respecto de lo que es la situación actual. El país, veinte años después, ha avanzado hacia la democracia, pero el hecho de que en la comisión ejecutiva del partido, prácticamente, no se haya sometido a debate ¾a votación más exactamente¾ ninguna decisión en el transcurso de la mayor parte de esos veinte años, el que hechos tan cruciales como los que se han discutido antes los tribunales penales españoles en torno a asesinatos, en torno a dinero, no hayan sido posible discutirlos en la comisión ejecutiva del partido ¡a tiempo!, para atajarlos cuando era el momento, ¿cuál es el costo político que eso ha tenido para el socialismo español y para el partido socialista español? ¿Ocho años del gobierno de la derecha? ¿Doce años? ¿Catorce años? No lo sabemos. Pero indudablemente hay que poner en el balance de lo que ha pasado en estos últimos veinte años, el no haber podido convencer a los compañeros socialistas de que la organización del partido tenía que ser democrática, plural y que el monolitismo y el caudillismo ¾que, finalmente, es uno de los logros que tubo la dictadura en el haber llegado a ciertas prácticas políticas haberlas incorporado al hueso de la sociedad española¾, no era lo propio de nuestra tradición democrática a favor de la cual lucharon nuestros predecesores. De modo tal que a la hora de los balances de éxitos y fracasos yo soy muy muy relativo al respecto. Lo que sí se puede constatar es que veinte años después las cosas han cambiado mucho. Han cambiado mucho en el ámbito interno. Bueno hoy estamos aquí, yo creo que esta reunión en la sede del partido socialista debería haberse, podido celebrar en el propio año setenta y nueve, y en los años posteriores ha sido, realmente, el por qué no ha sido posible celebrar estas reuniones dentro del partido y encierran, en cierto modo, la respuesta a muchos de estos problemas. Pero la sociedad española ha avanzado, ha progresado. La sociedad inte rnacional ha cambiado, y nuevas perspectivas se nos ofrecen, y nuevas posibilidades, nuevos retos y nuevas exigencias para este compromiso. Particularmente con el pueblo español.

 

El cambio es tan extraordinario que yo, simplemente, tomaré dos puntos de referencia: uno de ellos europeo y otro más global. Desde el punto de vista europeo tenemos la enseñanza de lo que ha sido la reunificación alemana. Cómo un país que sale derrotado y ocupado militarmente tras la segunda guerra mundial, sin disparar un tiro, y simplemente utilizando recursos políticos y de inteligencia política, y paciencia y saber hacer, ha logrado recuperar su unidad. Es un hecho de una importancia extraordinaria que está marcando un momento actual de Europa y que lo marcará respecto al futuro. Puesto que significa la posibilidad de que se supere esa división de Europa que ha sido una de las constantes de una concepción geopolítica que ha dominado, en cierto modo, los últimos dos siglos de buscar la división entre el Este y el Oeste, e impedir que en Europa haya un acuerdo que haga que el conjunto de los pueblos de Europa, y si es posible del continente euroasiático. Eso es algo tan extraordinario que cuando, si leéis, por ejemplo, el último libro que acaba de publicar Kissinger que se llama «¿Necesita América una nueva política exterior?» ve cómo es el gran peligro, el gran desafío la posibilidad de que los alemanes reunificados se entiendan con los rusos. Bueno ese es el punto de vista de los viejos conceptos geopolíticos que han significado guerras internacionales y divisiones en Europa, y catástrofes humanitarias y desastres para la democracia. Yo creo que los acontecimientos que se están produciendo en los últimos meses, y que se aceleran otras tendencias que se han producido en los últimos años, apuntan hacia la superación de esa concepción geopolítica y geoestratégica, a la incorporación de Rusia a la escena política europea, y al cambio que eso va a suponer en la relaciones internacionales.

 

Otra de las dimensiones es la que se refiere a la necesidad y la vigilancia que debemos de tener siempre en la defensa de nuestros principios básicos fundamentales de carácter democrático y basado en las libertades y el respeto a la dignidad de las personas. Y es algo donde tampoco hay victoria definitiva. Es el caso de Estados Unidos y de la Gran Bretaña. Como se ha dicho esta mañana, alguno de sus derechos están en estos momentos seriamente afectados por medidas coyunturales, propias de una situación trágica, como la que se ha vivido el 11 de septiembre de este año en Nueva York y en Washington. Y que hace que desde el interior mismo de esas sociedades surja, de nuevo, la necesidad de que el cuerpo social se defienda frente a esas amenazas y esos atentados que suponen las leyes de detención que se están aprobando. Y que, por último, lo que replantean es el gran peligro que el terrorismo ha significado siempre para la democracia. Mirad lo que pasó en Weimar, y mirad lo que ha pasado en tantos países. El terrorismo no es solamente una amenaza para las víctimas directas e inmediatas que lo sufren, sino también lo es para el conjunto de la sociedad puesto que, como ya decían los clásicos en el siglo XIX, es utilizado por los sectores más conservadores y reaccionarios para suprimir las libertades obreras y las libertades democráticas. Eso lo estamos viendo, de nuevo, como peligro hoy. Y frente a eso, naturalmente, tenemos que saber distinguir los que son los responsables de los crímenes, a los que hay que aplicar la ley con toda la severidad pero también con toda justicia, y el resto de la sociedad, y no confundir. Y eso me lleva a considerar, también, el que se nos plantea, a partir de la experiencia de los últimos veinte años y de las nuevas posibilidades que se han abierto en el mundo español y en el mundo internacional, el tener que ofrecer a la sociedad española una idea de España que corresponda a ese mundo real de hoy y del futuro inmediato. Y, en ese sentido, digo que nosotros no venimos de veint e años, ni de cincuenta años, sino de mucho más atrás. Son ideas que arraigan en nuestra sociedad y en nuestra historia contemporánea, de pluralidad de los pueblos de España, de diferencias y de necesidad de ponerse de acuerdo entre nosotros. Y, sin embargo, tenemos un cáncer en nuestra historia y es la tendencia de ciertos sectores ¾que también tienen su continuidad en nuestro país durante generaciones¾ de intentar buscar resolver los problemas internos pidiendo la intervención de poderes exteriores o de fuerzas exteriores. Estamos viendo, en estos momentos, que tácticamente toda nuestra política exterior de España está condicionada a que nos den ayuda para resolver el problema vasco. Esto es extraordinariamente grave. Nosotros tenemos que encontrar fórmulas, proponer mecanismos para que el problema entre los pueblos de España sea resuelto, fundamentalmente, con recursos españoles y entre españoles. Debemos romper con esa dinámica que, por ejemplo, nos llevó a enfrentarnos con los pueblos hispánicos: cuando se produjo en España en 1821 la instauración de un gobierno constitucional llegó a un acuerdo con Bolívar y con los insurgentes de América Latina, los conservadores con ayuda, naturalmente, de los «cien mil hijos de san Luis», lo que hicieron fue restablecer los poderes absolutos y desencadenar una ofensiva militar en la América española que llevó a lo que llevó, es decir, a mayor desintegración de los pueblos de Hispanoamérica y a una disociación entre los españoles de este continente y los del otro continente. Entre 1834 y 1835 el gobierno español de la época estaba exigiendo a los gobiernos aliados, porque España formaba parte entonces de una alianza ¾no se llamaba la OTAN, pero se llamaba la Cuádruple Alianza¾, exigiendo a franceses y británicos, aliados de nuestra alianza, que enviaran tropas al País Vasco para resolver el problema vasco. El rey francés, Luis Felipe, se negó a enviar algo más que no fuera la legión extranjera y esto provocó una gran ira en el gobierno de Madrid, que se menoscabado porque solamente enviaban a la legión extranjera. No os contaré lo que pasó en..., sí os lo contaré. Unos años después, entre el treinta y cinco y el cuarenta y seis, cinco veces el gobierno español pidió Francia e Inglaterra que enviara tropas a resolver el problema, ya no solamente vasco, sino también el catalán, llamándoles republicanos y anarquistas que estaban perturbando la paz de España. Entonces, entre las cancillerías europeas se intercambiaron muchos análisis y documentos y llegaron a la conclusión de que el gobierno español veía en la intervención extranjera una manera de resolver sus propios problemas. Fijáos lo lejos que están las raíces de esta manera de ver las cosas. Pues bien, cuando surge el problema de Cuba en el siglo XIX, nuestros conservadores, entre ellos Cánovas del Castillo ¿cómo llamaba a los cubanos que pedían más autonomía?, los llamaba filibusteros y les llamaba bandidos. Pero con esos enfoques, evidentemente, el problema cubano no se resolvió y el desenlace fue la tragedia en la forma en que la independencia se produjo en Cuba y el desastre igualmente para España. Hay otras maneras de enfocarlo. No os hablaré de lo que pasó en el siglo XX, ¿verdad?, con la intervención alemana e italiana pedida por los mismos sectores españoles, para resolver el problema que les planteaba el desarrollo democrático durante la República. Pues bien. Cuando en este momento estamos viendo que toda nuestra política exterior, allá donde se reúna el gobierno español, sea en Lima, sea donde sea, está centrada en torno a que nos vengan a ayudar a resolver el problema vasco. Nosotros debemos de encontrar, dentro de la tradición democrática y, también, republicana española ¾que arranca en el siglo XIX¾, los mecanismos para reencontrarnos entre nosotros, y encontrar y hallar fórmulas de acuerdo, porque siempre vale más un mal acuerdo entre nosotros que no la imposición de fórmulas de salvación extremistas y radicales como las que, manu militari, se han ensayado en el siglo XIX y en el siglo XX, y que han dado el result ado negativo que se conoce. Y ese es otro de los grandes cambios que estamos observando.

 

Aquí hay dos 11 de septiembre, tres 11 de septiembre que nosotros conocemos, y que tenemos presente en nuestra memoria. El 11 de septiembre que los catalanes festejan como día nacional de Cataluña en 1714; se ha mencionado esta mañana, García Santesmases ha hablado del 11 de septiembre del setenta y tres; y también se ha mencionado el 11 de septiembre del año 2001. Los dos primeros tienen una característica común. Y es que después de ese 11 de septiembre lo que se establece es un régimen de represión, de dictadura, de abolición de derechos fundamentales, de instituciones democráticas, con las coordenadas de cada momento. Pues bien, el 11 de septiembre del año 2001 no se está viendo que se está promoviendo instaurar en el país, donde se dice que están la raíces de este 11 de septiembre, un Franco o un Pinochet o un régimen de nueva planta que establezca allí el «ordeno y mando» con la forma dictatorial, que nosotros sabemos lo que eso significa, sino al contrario. Se está llamando, invitando a todas las fuerzas con alguna representación en Afganistán a reunirse y encontrar una fórmula de gobierno, en el que la convivencia mínima sea garantizada. Esto me recuerda a mí, las propuestas que en los últimos momentos de su experiencia el gobierno, de aquel socialista que fue Negrín, formulaba en torno de encontrar una fórmula que permitiera poner fin a la guerra española, a través de unos acuerdos mínimos que permitieran la convivencia entre las Españas enfrentadas y evitara el derramamiento de sangre y la dictadura que después volvió. Pues bien, en estos momentos la preocupación por esos respetos democráticos y básicos es tan dominante que nadie piensa en establecer un régimen de dictadura en Afganistán. Esos son factores nuevos en Europa, en el orden internacional que indudablemente ofrecen a quienes creemos y a quienes luchamos por el que los principios y los valores en los que creemos tomen cuerpo. Que tengan un espacio real, pero el que exista el espacio real en sí mismo no garantiza sino una posibilidad , el resto ya depende del trabajo, de la acción, del acierto y, sobre todo, de la capacidad de establecer alianzas.

 

Izquierda Socialista nació en una coyuntura determinada, con un plan determinado y con unas limitaciones objetivas, pero nunca se consideró en sí misma como la solución de nada extraordinario, sino simplemente una contribución al conjunto de los socialistas españoles. Los problemas que estamos contemplando, que habéis mencionado esta mañana y los que, indudablemente, se mencionarán en los debates posteriores, todos ellos son problemas, nuestros. Quizás locales, quizás nacionales, quizás con dimensión internacional. Pero hay que tener muy claro que su enfoque y su resolución va a requerir establecer alianzas nacionales e internacionales. Y cuando uno dice alianzas, lo dice en un sentido más amplio. No solamente entre aquellos que están más próximos e identificados con nuestras ideas, sino también con aquellos que, no compartiéndolas enteramente, son compatibles con nuestros principios fundamentales. Por consiguiente, con esta convicción de que realmente vale la pena continuar luchando y trabajando por lo que son nuestros valores. Con la convicción, igualmente, de que lo que estamos haciendo no es sino la continuidad de lo que hemos hecho en veinte años, en cuarenta, en cincuenta, y finalmente aquí todos veníamos de familias que compartían estos valores en otras generaciones, y sabiendo, igualmente, que estos principios serán necesarios para nuestras generaciones posteriores, yo os animo a que continuéis reflexionando, pero también actuando. Gracias.